Acción política

ACTIVIDAD ACTUAL:
-Presidente de la Asociación de Ateos y Librepensadores de Andalucía (2014-)
-Miembro de la Junta de Facultad de la Facultad de Ciencias de la Educación (2017-)
-Miembro de la Comisión Permanente del Departamento de Educación Artística de la Universidad de Sevilla (2016-)
-Presidente de la Asociación de Madres y Padres del Conservatorio Profesional Cristobal de Morales de Sevilla.

ACTIVIDAD REALIZADA:
-Candidato al Senado en las Eleccciones Generales de 2011
-Candidato al Parlamento Andaluz en las Elecciones de 2012
-Candidato a Secretario General de la Ejecutiva Nacional del PSOE en las Primarias de 2011.
-Delegado Sindical por UGT en el Comité de Empresa de la Universidad de Sevilla (2010 a 2015)
-Secretario General de la Unión de Actores de Andalucía (Asociación Sindical) (2003 a 2015)
-Secretario de Cultura de la Federación de Artistas del Estado Español (2003 a 2015)
-Miembro del Claustro de la Universidad de Sevilla
-Miembro de la Junta de Facultad de Geografía e Historia de la Universidad de Sevilla





Y AHORA CIUDADANOS
En enero de 2016 me he afiliado al Partido político Ciudadanos.
Desde el Movimiento 15M creo que muchos españoles nos replanteamos si las formas políticas con las que estábamos siendo gestionados eran las mejores. Yo llevaba afiliado entonces al PSOE 28 años de manera latente porque no participaba en sus reuniones ni conocía a nadie en mi Agrupación. Alguna vez había asistido a alguna votación y siempre había habido alguien que de manera simpática se me había acercado para decirme qué era lo que había que votar (aunque nadie me miraba la papeleta antes de echarla a la urna, claro).
         Yo tenía una conciencia clara de que si durante el movimiento 15M nos estábamos enfadando contra el poder establecido era porque una crisis mundial nos estaba afectando y queríamos que todo siguiera como antes. Por supuesto que sabíamos que había corrupción y la toleramos (aunque considero que es heroico ir contra el movimiento colectivo y sus vaivenes dirigidos). Yo creo que si no hubiera habido crisis económica, todo seguiría más o menos igual con el bipartidismo pujante. Pero la crisis trajo a nuestros ojos la verdad de lo que estábamos viendo. Por aquel entonces usé repetidas veces el concepto “Coherencia Intelectual”. Sabíamos que dentro de los partidos no había democracia, sabíamos que el clientelismo estaba instalado, sabíamos que las administraciones apenas se distinguían del partido (esto sigue ocurriendo, en gran medida, en Andalucía), sabíamos que nosotros, la clase media, estábamos comprados por pequeñas prevendas que nos hacían temer perder lo que teníamos (nuestra piso con hipoteca, nuestro coche cada siete años, nuestra tele de plasma, nuestros nuevos móviles) si protestábamos, si reclamábamos justicia. Pero la crisis nos asustó. De ese “susto” y de mi participación en las manifestaciones y plazas del 15M salió mi rebeldía contra mi anquilosado Partido Socialista y para llamar la atención sobre su hipocresía, me presenté sin opciones a sus “presuntas” Primarias en las que participaba Rubalcaba y de las que se había retirado Carmen Chacón. Y dije en televisiones y radios y periódicos todas las veces que pude que las Primarias eran falsas y que en realidad no había democracia interna en el Partido Socialista. “Después de esto, ¿qué?”, me preguntaron en Antena 3. Entonces dije, porque ya lo había pensado, que me iría a otro partido. Esperaba que algún nuevo partido emergente intentara hacer las cosas bien desde su origen. Incluso llegué a pronunciar el nombre de EQUO, que fue el nuevo incipiente grupo que empezaba a oírse.
        Después de esa experiencia escribí el libro “El Candidato. –Historia de un hombre normal que quiso llegar a Presidente-“ donde cuento toda esta experiencia.
         Efectivamente me afilié a EQUO y participé en el comienzo de un proyecto que estaba lleno ya de gente que había militado en Los Verdes, que se conocían, que ya tenían sus grupitos y que no hicieron cómoda  mi entrada. De hecho, desde la cúpula se me dijo directamente que no era bien recibido aunque no iban a hacer nada para echarme por haber sido del PSOE y por mi notoriedad al haberme presentado a las Primarias. Aún así, fui candidato en puesto de difícil salida al Senado y a la Junta de Andalucía.
      Después apareció Podemos. Podemos era lo que esperábamos en la época del 15M, cuando apareció EQUO sin fuerza. Me hubiera encantado que hubiera llegado Podemos antes y no me habría equivocado con EQUO. Pero las formas de Podemos me pusieron en guardia desde el principio, y aunque me suscribí a su web, he estado siempre alerta. Admiro a Pablo Iglesias pero no me parece un hombre fiable. Él dice que quiere hacer una revolución y yo le creo, eso es lo malo: que le creo, que creo posible que la haga. Pero yo no quiero una Revolución: yo quiero que la gestión de los público se lleve a cabo con racionalidad. Ya sé que hay muchas racionalidades, pero la mía es centrada: racional, fraternal, preocupada por los más necesitados pero exigente con los esfuerzos colectivos, respetuosa con el funcionariado pero no entregada a él, liberal en lo económico pero social en sanidad, educación y cultura. Tengo la sensación de que las opciones más radicales proceden de la frustración (y la respeto), pero no puede construirse desde esa emoción. Yo me he sentido frustrado con el mundo y con lo que la vida me estaba dando y habría querido que hubiera una revolución que trastocara los valores y que los que estábamos abajo pasáramos a estar arriba. Y no creo, como piensan los liberales a ultranza, que todo dependa del esfuerzo personal de uno mismo, las estructuras en las que uno nace y se desenvuelve condicionan potentemente la iniciativa propia. Pero me ha costado aceptar en mi vida que tampoco podemos irnos al otro extremo y facilitarlo todo. Vivir no tiene mucho sentido en sí: el trabajo, tu aportación al mundo, es lo que –hoy por hoy (en el pasado aristocrático quizás no)- aporta sentido. Y eso hay que trabajárselo. La renuncia o la dejación en los poderes públicos puede desinflar a una sociedad.
        He seguido desde sus comienzos el devenir de Albert Rivera y, sinceramente, le envidié desde que tuvo el valor de desnudarse para llamar la atención. Luego lo he visto intervenir en el panorama político y advierto que realmente parece amar la política y que aguantará, con el desgaste que ello supone.
        Estoy en una fase de mi vida en la que apuesto por las cosas bien hechas desde un equilibrio. Para mí, el tiempo de las radicalidades ha terminado. Pero respetaré a cualquier joven que desde la ingenuidad proponga cambiarlo todo. Nos cueste más o menos asumirlo, el liberalismo económico ha hecho más por el avance de la civilización que ningún otro sistema. Hay que equilibrarlo, por supuesto, desde el Estado, pero hay que reconocerle sus aciertos. Pero un liberalismo sin control produce unas desigualdades terribles que sé que Ciudadanos no aprueba.
         Antes quería mucho más poder para el Estado pero he perdido la confianza en él (son muchas las pruebas de descomposición de esa idea). Pero también sé que la vida de las personas no depende sólo y exclusivamente de su esfuerzo. Pero hay que pedírselo, hay que jugar al esfuerzo individual permitiendo que cada uno llegue a donde pueda sin dejarlo al margen. Apuesto por un equilibrio en la gestión y hoy por hoy lo está proponiendo Ciudadanos.

          Aunque ya veremos. El partido puede cambiar y yo también. Me siento orgulloso de ser flexible y de poder cambiar mi parecer sobre las ideas.