Países visitados (41)


    1. Argentina
    2. Chile
    3. Uruguay
    4. Bolivia
    5. Perú
    6. Venezuela
    7. Colombia
    8. Cuba
    9. Panamá
    10. México
    11. Estados Unidos de América
    12. Canadá
    13. Marruecos
    14. España
    15. Portugal
    16. Mónaco
    17. Liechtenstein
    18. Andorra
    19. Francia
    20. Luxemburgo
    21. Bélgica
    22. Holanda
    23. Alemania
    24. República Checa
    25. Dinamarca
    26. Italia
    27. Suiza
    28. Vaticano
    29. Austria
    30. Hungría
    31. Yugoslavia (Antigua, hoy Croacia)
    32. Eslovenia
    33. Grecia
    34. Turquía
    35. Rusia
    36. Reino Unido
    37. China
    38. Emiratos Árabes Unidos
    39. Lituania
    40. Egipto
    41. Tailandia


CUARENTA 

Yo he visto amanecer en el río Nilo,
yo he sentido mi espalda húmeda tumbado en una ladera del Machu-Picchu,
yo he pisado con fuerza la Calle K de Washington sintiéndome un joven poderoso,
yo he abrazado a mi mujer ante el Océano Atlántico en Casablanca,
y no creía que viajar fuera esencial, sólo me dejaba llevar por la curiosidad.

Yo he cruzado el río de La plata en un barco pobre,
yo he visto la aglomeración humana desde lo alto de la Torre Eiffel,
yo robé una piedrecita de la Akrópolis con dieciocho años,
yo me he subido a los lugares más altos: la torre Burj Khalifa de Dubai y la torre de Shanghái,
y espero haber sido mejor persona por todo ello. Pero no lo he notado.

Yo vi el bello sol Pacífico en Valparaíso y la cochambre de sus laderas,
yo tuve una novia en Colombia a la que no quise, y
yo tuve una novia en Panamá a la que amé.
Yo no pude creerme las dimensiones antiguas de Santa Sofía,
y he estado cansado en los viajes, agotado, extenuado.

Yo dirigí a una orquestilla callejera en Salzburgo,
yo dirigí a un coro magnífico en Stuttgart,
yo dirigí a espléndidas orquestas en Venezuela, y
yo dirigí a una orquesta gigante en Volgogrado.
Y me pregunto “¿Dónde están vuestros sonidos?”.

Yo oí a Jessye Norman cantar Richard Strauss en Ciudad de México,
yo oí a Rostropóvich tocar las Suites para violonchelo solo de Bach en las Cuevas de Nerja,
yo oí a un niño elevar su voz por encima del cielo cantando el Miserere de Allegri en el Coven Garden,
yo oí con mi madre La Boheme en La Scala de Milán,
y hoy mi padre, viudo, me ha preguntado en la residencia de ancianos qué le podía deparar ya la vida.

Yo me asombré viendo a niños indígenas tocando el violín en San José de Chiquitos,
yo he cruzado Portugal en moto con cuarenta y un años y cuarenta y un grados,
yo he paseado en bicicleta por entre los canales de Amsterdam,
yo me compré un pañuelo de seda negro para el cuello en Amberes que aún adoro,
y conservo a mis amigos de la infancia y tengo un hijo y una mujer y un perrito.

Yo supe que era un niño para la naturaleza en las Cataratas del Niágara,
yo fui recibido por el alcalde de Pécs,
yo recibí una patada de un policía en un vagón de la antigua Yugoslavia,
yo fui el padrino ateo de un niño en La Habana,
y me siento un poco orgulloso de mi vida.

Yo creo que Suiza es el país más bello del mundo,
yo llegué a Dinamarca en un ferris pensando en el amor,
yo hablé en Uruguay con un obispo que había sido deportista olímpico,
yo lloré de la emoción ante la Piedad en Vaticano.

Y he visitado, además, Uruguay y los pequeños países de Mónaco,
Liechtenstein, Andorra, Luxemburgo,
pero casi no tengo recuerdos.

Yo he visitado treinta y nueve países en mi vida. No está mal.
Pero existen alrededor de doscientos.
Visitar países como prueba de intensidad.
Apuro la existencia.
Pero olvido. Pierdo los detalles. Casi nada queda.
Sólo quería tener, al menos, un recuerdo de cada uno de ellos.
Por eso escribo.
Para que estos recuerdos no se pierdan en el tiempo,
como lágrimas en la lluvia.